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Ignoto

¿Dónde están todos?

El silencio, eso que tantas veces mantengo y he mantenido; eso que tantas veces me resulta tan cómodo y efectivo se vuelve ahora contra mí. Ha habido pocos momentos en mi existencia, no los recuerdo al menos, en que haya necesitado más que ahora saber que hay alguien no ya al otro lado, sino aquí, conmigo. Saber que puedo contar con determinadas personas, no algunas, cualesquiera, sino esas que yo necesito, esas que de alguna forma, sin que lo sepan, le dan algún sentido a una existencia que vino regalada y que a veces desearía devolver por defectuosa. No, no he cambiado, es sólo que hay circunstancias externas que se me acumulan, que me dan miedo y angustia, que no puedo gestionar ni soportar. No se me oculta que quizá el destino me esté haciendo pagar o experimentar el dolor y la frustración que yo haya podido ocasionar a otras personas en el pasado. Sé que nadie, ninguna de esas personas en las que ahora pienso, está actuando con maldad, es decir, con la idea preconcebida de hacérmelo pagar. Son sólo instrumentos del destino. Algunos no están, siento como si me fallaran. Es verdad que otros ya no pueden estar como antes, pues yo mismo les aparté, y no estuve cuando me requirieron y necesitaron. No estoy tratando de buscar excusas o justificaciones ni siquiera arrepentimiento, es sólo que acudo a mi terapia particular: escribo cómo me  siento. Y, casi por primera vez en mi existencia, me siento solo. Cualquier ser  humano medianamente inteligente me diría que he tardado un poquito en darme cuenta de algo que todos tarde o temprano aprenden. Eso, que estamos solos; que cuando queremos estarlo no nos dejan y cuando lo estamos y necesitamos de algo más que un correo electrónico; que cuando, aunque no lo expresemos claramente, necesitamos no sólo ciertas palabras de ánimo y consuelo, sino algún gesto que nos permita saber que esas personas están para lo que sea, aunque eso únicamente sea que uno sabe que están, tener cierta seguridad sentimental en que más que responder en el futuro, ya lo están haciendo ahora. Cuando eso sucede pues son pocos los que aparecen, son pocos los que saben interpretar el momento y cómo realmente uno se está sintiendo por dentro y lo que necesita para salir a flote.  

 

Sólo quiero tratar de expresar cómo el desánimo y la desesperanza crecen. Cómo experimentas el vacío y la negrura, el yermo paisaje del egoísmo humano. No me engaño, yo soy igual, no soy precisamente de los que hace gestos que claramente ponen de manifiesto el compromiso. Eso todavía es peor, sabes que formas parte de esa miseria mundana, de ese velar sólo por nuestros propios intereses, lo que nos conviene, lo que es bueno para nosotros sin pensar ni tener en cuenta las consecuencias o lo que sea no ya bueno para los demás en general, sino siquiera para aquellos que llamamos amigos o seres queridos.

                                                                                                         

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