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Ignoto

Fue mi decisión

No he tenido ganas últimamente, casi nada me motiva. Aquello que me espoleaba, me cabreaba o me ilusionaba parece haber perdido sus propiedades, ya nada, creo que tampoco nadie, es lo mismo. Escribir no es ajeno a ese estado de abulia que se extiende y me somete a la parálisis de un oscuro y frío vacío, es como si estuviera mejor quieto; mejor no, pero sí acostumbrándome… La más mínima tarea me parece hercúlea. Cuándo no lo es, carezco de la mínima seguridad y confianza imprescindibles, es como si estuviera predestinado a hacerla mal, de forma incompleta e ineficaz, y ese constante pensamiento, esa convicción que aparece aneja a cualquier actividad futura es la que justifica la inacción.

 

No hago nada. ¿Se puede estar sin hacer nada? Sí, yo llevo casi  un año así. Ayer quedé con dos de mis amigos (no hay muchos más). No es que esto apetezca mucho, pero es el último puente hacia cierta sociabilidad. Arreglamos algo el mundo… Es de coña, no podemos arreglar nuestras vidas, pero sí el país en el que vivimos, incluso  todos los paises. Es, claro, una forma de no hablar de lo que nos corroe y oxida, de lo que como una plaga de termitas nos ha ido robando la ilusión y la fuerza. Tengo 41, pero en algunas cosas parece que tuviera veinte años más.

 

No pensaba escribir pero ayer surgió algo que, sorpresa, me cabreó. Fue solo un fogonazo porque  hoy se diluye, puede que por obra y gracia del alcohol y otros insanos excesos, en ese aura improductiva que me envuelve. Hoy ya empieza a darme igual, aunque, como algunas otras cosas recientes, es algo que seguro quedará guardado, algo que hace recordar otras actuaciones o gestos raros que en su momento fueron sólo eso, pero que en la repetición de otros similares pueden servir para conocer un poco  más a quienes están ahí, no tan cerca como parecía… y para conocer también de forma odiosa mis gestos extraños de antes y de ahora. Rarezas que en otro tiempo angustiaban y que hoy simplemente me acompañan y surgen cuando  menos los demás lo esperan, son parte de mí, persistente e inmutable. No se irán jamás.

 

¡Al grano, plasta!

 

Cuando finalizó mi relación laboral (eufemismo para decir cuando me quedé en el paro) un amigo con puesto de relevancia me ofreció lo siguiente: Monta algo (una empresa) para gestionar un proyecto que yo te ofrezco. No sé lo que durará pero es interesante y creo que es una buena salida para ti. La idea no tuvo más desarrollo porque mi plan era aprender algo o más inglés e irme una temporada fuera de España; sí, una especie de vacaciones, la verdad es que  acabé quemadito de mi actividad administrativa y del ecosistema (menudo submundo) de la Administración Pública. Así que, así se lo dije, lo rechacé no sólo por eso, sino también por cierto orgullo o prurito personal, joder no me gusta esto de tener que reconocer que debo mi trabajo a la gestión o al favor de un amigo con posibles e influencias, no me gustaba entonces y me sigue sin gustar ahora, si bien es verdad que el tamaño de mi orgullo es o será directamente proporcional al periodo de duración de mi prestación por desempleo.

 

Tres amigos, entre copa y copa uno de ellos, que comparte mi situación de paro, me comenta que el otro, presente en el lugar, pero al margen de la conversación, le ha comentado que aquel con puesto de relevancia le dijo que yo había  rechazado la oferta de algo que le hubiera proporcionado a él mismo  y a mi trabajo… Me lo dice de buenas maneras pero como en cierta forma echándomelo en cara, de hecho las palabras que utiliza son, joder tío, "X" me comentó el otro día que eres la hostia que "Z" te había ofrecido eso y le habías dicho que no. Yo le contesté lo siguiente: Bueno, la película es parecida, pero no es así, joder que es que la oferta me la hicieron a mi personalizada, otra cosa es que para desarrollar ese proyecto (que  no lo sé) se hubiera necesitado del concurso de más personas y tu pudieras haber sido una de ellas, o que hubiera sido necesario crear una empresa y tu podrías haber formado parte de ella.

 

Esto  con todas las reservas y dudas y miedos que me merece el hecho de formar una empresa, cosa que  siempre he dicho a "Z" y al amigo que ahora me comentaba esto ( hecho del que han pasado diez meses más o menos) que era mi última opción… Joder, pero ¿qué pasa que ahora voy a ser yo el responsable directo o indirecto de que un amigo lleve dos años en paro, voy a ser además de responsable del mío también del de mi amigo?… No, coño, es que por ahí no paso. Tengo en ese sentido la conciencia tranquila, yo no tengo que aceptar y asumir como lo mejor y lo más conveniente para mi lo que otros, sean o no amigos, planeen, sobre todo si supone que yo me embarque en un proyecto o ejerza determinada actividad laboral. No sé a otros, a mi me resulta difícil, no digo que imposible, trabajar para otros cuando son, o se supone que son, amigos. Me resulta incluso difícil trabajar en pie de igualdad con amigos, porque se tiende a confundir las cosas, y digo esto por mi mismo, porque no es lo mismo tener discrepancias con un socio o jefe o compañero, que es sólo eso (nos podremos llevar mejor o peor, pero no va más allá la relación) que con un amigo. En las maduras todo sería perfecto y de buen rollito, ¿pero en las duras? Que no, que no estoy convencido y punto. ¿Por qué tengo que hacer algo en lo que no creo, inmolarme pensando en lo guay y buen colega que ha sido el que me lo ofreció o lo bien que le podría venir eso a otro amigo? No sé si examinándolo objetivamente, desde fuera, en un juicio digamos de moralidad o de idoneidad debería haberlo hecho, lo cierto es que no lo hice, ni siquiera lo pensé, agradecí, por supuesto, el ofrecimiento (el proyecto conmigo o con otra persona se iba a realizar igual, eso que quede claro) y me olvidé del asunto.

 

Por otro lado, como dije, la oferta se me hizo a mi personalizadamente, y personalizadamente la rechacé, sin más. No entiendo a qué vienen estos comentarios de ahora, y en relación con ello (esto admito que es sólo una suposición mía sin demasiado fundamento) noto en el amigo que en su día me hizo la propuesta cierto alejamiento, como si hubiera interpretado mi negativa como un desprecio o algo parecido… No lo es, al menos no es ese el sentido o la finalidad de mi rechazo, era simplemente que estaba cansado y defraudado de la Administración, necesitaba tiempo para respirar, para tratar de ver si  podía existir un mundo al margen de ella, de lo que había  sido  mi actividad laboral durante los últimos diez años. El tiempo ha pasado y todo me lleva a pensar que  si alguna oportunidad laboral surge esta será otra vez dentro de la Administración. Pero eso no invalida ni afecta a lo que hice o deje de hacer entonces. Si les sentó mal a algunos, pues que le vamos a hacer, coño que el que estaba y está en el paro soy yo.

 

Todo esto me recuerda aquello de: “¡Señor, guárdame de mis amigos  que de los enemigos ya me protegeré yo!”

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