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Ignoto

Cuando éramos deportistas.

Como simple aficionado, como deportista que fuí en mis años mozos, no de élite, por supuesto, me apetece escribir al respecto. Son cosas básicas. A mí me las enseñaron a las primeras de cambio, una vez que formé parte de un equipo y de una mínima disciplina colectiva. La filosofía era muy sencilla, pero acertada a mi juicio. Como me sucede en otros aspectos de la vida, lo que era entonces básico, esencial, no lo es hoy tanto, incluso se tildan de ñoñerías o de viejas reglas autoritarias.  

1.     Los jugadores juegan, el entrenador entrena.

2.     Entrenar significa dirigir, mandar, decidir; aportar soluciones en momentos de crisis, defender al grupo y su misión frente a cualquier individualidad. Nadie, por bueno que sea, está por encima del equipo. Las decisiones se adoptan en función del interés colectivo, no el particular de uno o varios jugadores, tampoco, claro está, el particular del entrenador.

3.     La alineación, la táctica, la estrategia; la planificación y dirección de las sesiones de entrenamiento son competencias exclusivas del entrenador y su cuerpo técnico. Si se equivocan, se equivocan ellos. Ésa es su prerrogativa y también su responsabilidad, exactamente igual que la de los jugadores es jugar, marcar goles, encestar canastas, defender a los oponentes etc.

4.     Un buen equipo requiere un buen entrenador.

5.     La misión es ganar partidos y competiciones. En el cumplimiento de esa misión no vale todo, hay que respetar reglas. La más importante, y sin la cual nada se sostiene, es el respeto al contrincante y al deporte que en cada caso se practica. 

6.     Hay un señor(a) vestido con un uniforme característico que es el juez del partido al que hay que respetar, aunque se equivoque una y mil veces. El árbitro deber ser el que pare el juego cuando hay una incidencia. Sí, dejémonos de pamplinas y de confundir lo que es fair play con puro teatro. Frente a los actorcitos que fingen lesiones y agresiones hay que utilizar la disciplina, igual que hay que utilizarla de forma rigurosa frente a aquellos que pretenden ganar a base de agresión, física o verbal, o vulnerando las reglas de cualquier otro modo. Los árbitros deben proteger la limpieza del juego y también el talento de los deportistas más dotados. No es de recibo que alguien sufra más de 10 faltas seguidas y eso no tenga repercusión disciplinaria inmediata.

7.     Para un deportista representar a tu país en una competición internacional es un honor y un privilegio

8.     Si estás lesionado o en baja forma, no juegas.

9.     Si estás en el banquillo, tu misión es apoyar, animar y estar preparado para salir al campo en cualquier momento y hacerlo lo mejor que puedas.

10.  Si no trabajas y te esfuerzas, no juegas. Si vas por libre, no juegas. Si pretendes ejercer funciones reservadas al entrenador no sólo no juegas, sino que debes abandonar el grupo.

11.  Juegas como entrenas. Si entrenas al 40% es imposible que cuando la competición te exija dar el 100% estés en condiciones de darlo.

12.  Se juega corriendo y con intensidad, lo de jugar andando déjalo para cuando juegues con tus hijos, sobrinos o en las excursiones del colegio. Hay situaciones puntuales en un partido que exigen calma y pausa, y hasta parsimonia, pero esto no es, ni puede ser, el ritmo habitual de tu juego. Somos deportistas, no domingueros jugando una pachanga. Se supone que entrenamos para estar en forma y dar el máximo de nosotros mismos en cada competición, en cada minuto del partido.

13.  No hay recompensa sin esfuerzo

14.  No hay ataque eficaz sin defensa

15.  Todo deportista sabe que no hay sólo una faceta importante en el juego. Sí, es cierto, hay una que es la más vistosa, la más atractiva para el espectador medio, pero no es la única. Tan importante es cortar un pase en el medio del campo, como dar una asistencia. Tan importante un rebote como un buen tiro desde la línea de tres puntos. Tu marcaste el gol, pero seguramente segundos antes un compañero tuyo se machacó ayudándote a defender al atacante del equipo contrario al que tu dejaste pasar o no supiste defender adecuadamente. 

16.  El objetivo es la portería, la canasta, los palos … que están al otro lado del medio campo, hay que ir hacia allí, hacia adelante.

17.  Las glorias pasadas, la fama, los títulos antaño conseguidos, las estrellas en las camisetas no ganan partidos.

18.  Somos un equipo no once o cinco o veintidós jugadores. 

Todo lo anterior, y alguna cosa más que me dejo en el tintero, parecen ser reliquias o simplemente ideas aplicables en el ámbito aficionado, pero no en el profesional. Quizá. Si es así, yo me quedo con lo que considero puro deporte y no con lo otro, que ha dejado de ser tal para convertirse en negocio, marketing o cualquier otra cosa cuyo parecido con lo que tanto nos apasionaba de jóvenes es una remota coincidencia.  

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