Blogia
Ignoto

Hipócritas

Cuando de forma directa, por circunstancias azarosas, incluso mediante artimañas más o menos ingeniosas descubres lo que de verdad piensan sobre tí determinadas personas con las que convives o con las que pasas gran parte de tu vida, no sólo te llevas en ocasiones un monumental y doloroso chasco, sino que también, una vez pasado el primer desagradable trago, recibes un fogonazo de lucidez. No somos lo que parecemos, tampoco lo que pensamos que somos y menos aún lo que los demás piensan que somos. Es asombrosa la capacidad que tenemos los humanos para etiquetar a la gente, clasificarla y categorizarla sólo por lo que alguna vez dijeron, por lo que hicieron en momentos de stress o de total estropicio en los que no daban una a derechas. Pero lo que más impresiona y atemoriza es comprobar que no somos, salvo honradas y benditas excepciones, honestos ni sinceros. Al contrario, prima la falsedad, la búsqueda exclusiva de la propia conveniencia, el despiadado egoísmo y la malévola envidia que todo lo carcome y distorsiona. Todos cometemos errores. Hay gente, el que suscribe podría ser ejemplo de ello, que en no pocas ocasiones y con notoria torpeza es prisionera de sus emociones, pareciera como que el cerebro, la capacidad de raciocinio, la mesura y la sensatez se esfumasen, todo se volviera oscuro, amenazante y ante ello reaccionan repartiendo sin ton ni son. No se trata de dañar u ofender, es sin duda un mecanismo de defensa, de autoprotección. Pero ésto, claro, es muy difícil de ver para terceros, a quienes a menudo les importa un pimiento si te quieres o no auto defender y de qué (a veces es de ellos mismos, otras de situaciones injustas, otras simplemente son gigantescas confusiones y malentendidos). Pero a lo que iba, que me pierdo en rodeos.

 

En el ámbito laboral la hipocresía hasta huele y tiene forma, en ocasiones, sin embargo, se disfraza de afectividad y amabilidad, de sonrisas cinematográficas y de comentarios graciosos o de aparente preocupación por las vidas y circunstancias de los demás. Hay verdaderos artistas de la ocultación, la adulación y la pantomima. Cuando estás al tanto de lo que piensan y te preguntan qué tal estás o se interesan por algo de lo que dices o piensas, sin importarles en absoluto o, lo que es más rastrero y vil, cuando constatas que simplemente buscan guión para después comentar, haciéndote un traje con su amiguito/a de turno, lo que dijiste o lo que no dijiste, resulta hasta gracioso. Cuando sabes que te sonríen, pero en realidad lo que debería reflejar su cara es algo muy distinto, tu sonríes también pero por dentro. Cómo podéis ser tan mentirosos y canallas.

Estos personajes no son necesariamente malos profesionales, quiero decir a menudo son gente que hace bien su trabajo y quizá por eso se permite el lujo de criticar a todo bicho viviente. “Fulanito o menganito no es un buen profesional, zutanito es el enchufado del jefe, aquélla es una envidiosa, a éste le faltan huevos y es un cobarde, éste otro piensa que es un desgraciado y no es más que un personaje tóxico" y así vamos  desfilando uno detrás de otro por su teatrillo de la pulla, por su pasarela del cotilleo. Aunque sabes que te la tratan de jugar, como te la jugaron desde un principio, aunque sabes que te critican, como te criticaron desde un principio, no puedes dejar de admirar lo bien que se desenvuelven en la mentira, sus dotes teatrales, su capacidad para hacer de toda esa podredumbre algo aparentemente cómico. Son muchas horas trabajando y los momentos de agobio o de aburrimiento los combaten con una crítica aquí y otra acullá. Es sorprendente porque estas personas hasta se permiten acusar a otras de negatividad, de protestar por todo y no estar nunca contentas, y son ellas, aunque no sea en público y frente a todos pero sí en su camarilla de la infamia, las que un día sí y otro también nos ponen de vuelta y media a todos los demás. La cuestión no es  si aciertan o no en sus críticas, por supuesto que todos y cada uno de nosotros somos criticables, todos fallamos, algunos hasta mucho, más de la cuenta, ¿pero acaso tienen estos ángeles de la perfección derecho a sembrar tanta ponzoña, a vivir pendientes de los errores de los demás para hacer de ello otra mañana repleta de acidez y de veneno, para recargar la escopeta del tiro al compañero?. ¡Qué náusea!

0 comentarios